Salvá asumió el 10 de septiembre pasado, cuando faltaban apenas 72 horas para debutar en la Primera B Nacional. Se hizo cargo del club y de todo el movimiento económico que significaba armar plantel, arreglar contratos y contratar técnico. Eso ya estaba hecho y lo heredó del anterior presidente Miguel Jofré. Hoy, con el equipo seriamente comprometido para mantener la categoría, Salvá decidió su paso al costado acusando un enorme desgaste a partir de la exposición pública que generó ser el presidente de Sportivo Desamparados en la Primera B Nacional. Eso lo mostró demasiado ante la opinión pública y los malos resultados del equipo lo obligaron a aprender sobre la marcha para encausar el rumbo. Cambió tres entrenadores y no consiguió respuestas, pero también vivió en carne propia la escalada de violencia que azotó al club en los últimos meses y tal vez el punto más polémico se dio en su abordaje de las amenazas a Hernán Lamberti tras la derrota contra Quilmes. Salvá no tuvo filtros, salió a dar la cara y su grado de exposición fue demasiado grande. Ese punto fue el que desencadenó la decisión final de anticipar su salida y la hizo conocer a sus pares de comisión, quienes intentaron persuadirlo en un primer momento pero luego, ante la firmeza de la postura de Salvá decidieron respetar su decisión.